Champagne de pequeño productor en Lanzarote: crónica de un antes y un después
Hay días que se apuntan en la agenda y días que se quedan en la memoria. El primer taller de Champagne de pequeño productor artesano celebrado en Lanzarote es de los segundos.
Llevo un año recorriendo la isla conejera, visitando restaurantes, hoteles y bodegas, y cada vez me gusta más. Lanzarote tiene algo que no se explica en una ficha comercial: una hostelería con ganas de descubrir y un público que, cuando se le ofrece algo auténtico, responde.
Lo hicimos junto a mi compañero Ugo, de L’Excellence, con quien comparto la convicción de que estos vinos merecen ser contados de cerca.
Seis productores, seis formas de entender Champagne
En la mesa, seis firmas que explican la Champagne desde dentro: Egly-Ouriet y R.H. Coutier, desde los grand cru de Ambonnay; Vilmart, en Rilly-la-Montagne, con su trabajo en madera; Henri Giraud, en Aÿ; Guy Méa, en Louvois; y Baron-Fuenté, desde el valle del Marne.
Seis maneras distintas de entender la burbuja y un mismo hilo conductor: la viña, la familia y el tiempo.
Una mañana para conversar botella a botella
El día empezó temprano, con citas privadas en el hotel La Isla y el Mar. Por la mañana, con calma, botella a botella, conversando sobre cada productor, su suelo y su estilo.
Es otra forma de vender, más pausada y más honesta: no se trata de convencer, sino de compartir.
Una sala llena y una señal de que vamos por buen camino
Por la tarde llegó el taller. Hubo un detalle que lo resume todo: nadie escupió. En una cata profesional eso dice mucho.
Hubo sonrisas, comentarios sinceros y mucha gratitud por la invitación. Y confieso que, por dentro, lo que más me emocionó fue ver la sala llena.
Vengo de la sala y sé lo que es estar a ese lado de la barra; por eso ver a la hostelería lanzaroteña disfrutar así de estas botellas tiene para mí un sabor especial.
Es la mejor señal de que vamos por buen camino.
Una pequeña parte de la historia del Champagne en Lanzarote
Me llevo recuerdos, caras y conversaciones. Y una sensación que no quiero exagerar, pero tampoco callar: la de estar escribiendo, junto a quienes nos acompañaron, una pequeña parte de la historia del Champagne en Lanzarote.
Gracias a todos los que vinisteis y al hotel La Isla y el Mar por abrirnos sus puertas.
Esto no ha hecho más que empezar.
Alejandro Bleda
Sumiller en Vinófilos
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