Es fundamental conocer las diferencias existentes entre los distintos tipos de vinos para poder elegir en cada momento aquel que mejor se adapta a nuestros gustos o que maridará mejor con la comida a la que acompañará en cada momento.

En este sentido debemos de conocer las diferencias entre un vino joven, crianza, reserva o gran reserva. Lo primero de todo: este modo de calificación, con esos nombres que acabamos de citar, es exclusivo de España. Y ni siquiera es el mismo en todas las Denominaciones de Origen. Esta disparidad de criterios genera confusión en el consumidor, especialmente cuando se compite en el mercado internacional. Este artículo llega para ayudarte a entenderlo.

Por eso, si algún día ves, por poner un ejemplo, un tinto italiano de la zona DOCG Barolo y en la etiqueta pone “Barolo Riserva”, no lo relaciones con los “Reserva” de nuestro país, porque la diferencia de permanencia mínima entre barrica y botella es de 2 años con los vinos españoles. Ante la duda, estando ante una botella que quieres comprar, siempre consulta en Google y obtendrás información detallada.

Por el momento, aquí tienes una tabla actualizada que te será de utilidad para entender la crianza de los vinos de España:

 

DOCA RIOJA / DO RIBERA DEL DUERO
 

TIPO DE VINO

 

EN BARRICA

 

EN BOTELLA

 

TOTAL

 

Crianza

 

 

Tinto

 

12 meses

 

12 meses

 

24 meses

 

Reserva

 

 

Tinto

 

12 meses

 

24 meses

 

36 meses

 

Gran Reserva

 

 

Tinto

 

24 meses

 

 

36 meses

 

60 meses

OTRAS DENOMINACIONES DE ORIGEN DE ESPAÑA
 

 

 

TIPO DE VINO

 

EN BARRICA

 

EN BOTELLA

 

TOTAL

 

Crianza

 

 

Tinto

 

6 meses

 

18 meses

 

24 meses

 

Reserva

 

 

Tinto

 

12 meses

 

24 meses

 

36 meses

 

Gran Reserva

 

 

Tinto

 

18 meses

 

 

42 meses

 

60 meses

 

En primer lugar podemos pensar que un vino considerado joven es el único que no tiene barrica, lo cual supone una gran diferencia de partida con el resto de tipos de vinos. Y en la mayoría de las ocasiones se cumple, pero esto no es siempre así. Puedes encontrar en el mercado vinos que en su etiqueta no ponen nada acerca de su crianza, que son vinos de añada (es decir, del año en curso) pero que sin embargo cuando los pruebas, te parece percibir algunas notas propias de la madera. Un ligero tostado, notas de vainilla, cacao… Entremezcladas con unas percepciones frutales muy presentes, casi exuberantes, típicas de los vinos jóvenes.

En estos casos, estás efectivamente ante vinos considerados “jóvenes” pero que sus enólogos han decidido darles un ligero paso por barrica, de pocos meses. Tres, cinco, nueve meses… Puede ser. Incluso esa estancia en barrica o fudres (depósitos de madera más grandes) puede haberse aplicado a solo una parte de todo el vino que se encuentra en la botella y luego se mezcló antes del embotellado. A veces estos vinos son llamados “Tinto Roble” o “Tinto Barrica”. No llegan a ser crianzas, por supuesto, pero son vinos jóvenes con un toque de madera que los hace más interesantes, y además, muy comerciales.

Debes saber también que normalmente las uvas con las que se elaboran los vinos jóvenes provienen de viñedos poco longevos y más productivos. Los vinos de crianza y reserva, suelen elaborarse con uvas de viñedos viejos, menos productivos pero con mejores uvas para la elaboración de buenos vinos, que presentan una carga tánica y polifenólica mucho mayor.

El tercer factor diferencial lo encontramos en la fermentación, que en el caso de un vino joven se macera de una manera más ligera (durante menor tiempo) las pieles y el mosto, utilizando temperaturas de fermentación bajas para ayudar a potenciar su aroma afrutado, siendo en boca unos vinos suaves y aromáticos.

Por el contrario, en los vinos tipo crianza y reservas lo que se busca es una larga fermentación, con temperaturas más elevadas para poder extraer el mayor número de taninos y de compuestos, aportando de esta manera la estructura necesaria para poder aguantar su paso por la madera en las barricas.

La cuarta diferencia la encontramos a la hora de la cata, ya que los vinos jóvenes son por lo general más ligeros, frutales y menos largos en boca. Los crianzas tienen una fruta presente pero también tostados y especias que les otorgan mucho cuerpo y un final más elegante en boca, con una carga alta de taninos.

Por último los reserva y grandes reserva son vinos más redondos, provistos de unos taninos más pulidos y combinados con los antocianos. La fruta que aparece en estos vinos suelen ser más maduras, y adquieren un fuerte carácter en la barrica, con aromas terciarios como puedan ser los del cuero y el tabaco.

La quinta y última diferencia la encontramos en la duración del consumo del vino, ya que en el caso de los jóvenes su duración máxima oscilará entre los tres y los cinco años. Los vinos de crianza alargan su longevidad entre los 5 y los 8 años, mientras que los reservas pueden durar muchos años más en función de su elaboración. En esto no caben las matemáticas exactas ya que puedes encontrarte todo tipo de sorpresas tanto positivas como negativas.

Un buen consejo vinófilo: elige siempre vinos de buena calidad. Lo que no quiere decir en absoluto que optes por vinos caros. ¡Qué va! Nos referimos a vinos bien elaborados, de la manera más artesana posible y con la firme convicción por parte de sus enólogos de mostrar en cada botella el paisaje del que provienen. Su clima, las fantásticas características de cada variedad de uva, la tierra en la que fueron cultivadas. Esto lo encontrarás en el 100% de los vinos de nuestro catálogo. Es, efectivamente, nuestra pasión.