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Vinófilos
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A los profesionales no nos gusta nada escuchar que el vino da resaca o que nos sienta mal.
Vamos a ver, Vinófilos amantes del vino, amigos, neófitos o consumidores esporádicos… ¡Nos rechina sobremanera! Nos da rabia. No son más que BULOS que escuchamos demasiado últimamente, todo lo que se comenta sobre los «efectos secundarios» del vino. ¡Sí, del vino! Una bebida que siempre ha estado ligada a la cultura, la sociabilidad (hablar hasta por los codos, o ser más reflexivos), que formaba parte del día a día de la gente rural y no tan rural. ¡Y ahora resulta que da miedo beber vino porque nos sienta mal!
No sé si en vuestros círculos más cercanos esto también es un tema recurrente, pero a nosotros, como profesionales y amantes de esta bebida maravillosa, nos lleva resonando desde hace tiempo. Y claro, no aguantamos más. Para refutar esta idea equivocada quiero darte argumentos reales:
  1. El vino es la bebida más maravillosa del mundo (lo siento, cerveceros) Porque habla de agricultura, clima, prácticas humanas y arte. Sí, del arte de esos cocineros de uvas que transforman una fruta en un jugo fermentado de alto valor en el mercado, llevado a las mejores mesas del mundo y a las subastas más importantes también. Sí, como una obra de arte. Así que, para empezar, es una bebida sin igual que además mantiene y añade mucho valor al campo y al paisaje. Cuidando la tierra y a la gente que de ella vive.
  2. El vino no te puede dar sueño. Si te da sueño, no es buen vino. El vino es una bebida que exalta la lucidez, desata la tertulia, engrandece los momentos. Ninguna bebida creada por el ser humano es capaz de generar tanta magia alrededor de una botella, dos velas y dos buenas copas (Riedel, a poder ser, jejeje).
  3. El vino no da resaca. Si tomas vino de calidad (no necesariamente caro) ese que quien lo elabora te respeta (sí, te respeta a ti) no te añadirá productos que tu organismo no tolere ni sintetice bien y que te hagan daño. Ese no es buen vino, aunque sea caro, aunque tenga nombres de prestigio y etiquetas archiconocidas. Ese vino, lo único «bueno» (y lo ponemos entre comillas porque ese término es muy cuestionable) que puede llegar a tener es el sabor. Lo demás, te hace daño. Huye de él, no del vino. La palabra y la bebida vino no tienen nada que ver con la resaca. Es la marca, el vino que tomas o incluso la bodega entera.
  4. El color o el tipo de vino no determina si te sienta mejor o peor. No te engañes ni dejes que te engañen con aquello de: «¡Ay, es que a mí el tinto…!» o «Es el blanco…» o «El espumoso…» o «El semi…» El vino bueno, el que sienta bien, no entiende de colores. No es su color el que determina los efectos secundarios. Y volvemos a repetirlo (porque este tema nos duele mucho): ni el color ni el estilo son sinónimos de calidad, ni mucho menos. Así que analiza bien qué bebes, aprende a elegir. Déjate asesorar por profesionales. Pregunta hasta conseguir las mejores respuestas.
Por favor, no asocies la palabra vino a resaca, sueño, malestar, borrachera, etc. No es el producto en sí. El vino bueno y sin maquillajes sienta bien, muy bien. Te lo decimos con toda la experiencia del mundo. El problema es el vino que bebes.
Así que te traslado una petición personal siempre desde la recomendación del consumo moderado y responsable: No huyas del vino. Queremos venderte vino bueno, que te siente bien. Y queremos que el consumo de vino en España no siga cayendo. Queremos que la gente joven se acerque a él, que esté presente en los eventos y conciertos, que sea la excusa perfecta para generar una buena charla. Que siga siendo aquella bebida que lleva enamorando a la sociedad no superindustrializada, ¡desde hace más de 5.000 años!
Bebe buen vino. Que no tiene que ser necesariamente caro. ¡Gracias!