Espumosos para antes, durante y después

Hablando sobre vinos espumosos, chispeantes o con burbujitas, lo primero que me gustaría decir es que resetees tu mente si eres de esas raras personas que no, los suelen consumir con frecuencia. ¿En serio? No lo puedo creer… Pero no estoy enfadado, te lo estoy diciendo bien. No pasa nada.

Se trata de un ‘problema’ cultural. Falta de hábito, de costumbre, de tradición. Es fácil pensar que en España, Cataluña es uno de los territorios donde más se beben este tipo de vinos. Porque se produce mucho allí. Porque el método de elaboración de vinos espumosos de calidad llegó de Francia y allí se asentó, creando los archiconocidos Cavas que llevamos viendo en el mercado toda la vida.

Es sencillo entender también que en Francia se consuma mucho vino espumoso pues allí está Champagne, una región situada al norte, donde se elaboran y del que reciben su denominación. ¡Claro! Aunque éstos son unos auténticos máquinas del marketing y han conseguido que sus vinazos se conozcan y se consuman por todo el mundo.

Entonces… ¿Por qué tú no bebes vino espumoso? Por el mismo motivo por el que eres “más de tintos que de blancos”. O “más de Ribera que de Rioja”, o viceversa. Eso es de comodón/a. De conservador/a. Del clásico temor a salir de tu zona de confort (no me gusta mucho esta expresión pero creo que aquí se justifica su uso).

Otro error habitual se comete al elegir mal el momento de degustarlo. Mucha gente piensa en el vino espumoso que se guarda en la nevera para brindar en ocasiones especiales o para cerrar la comida. Sí, claro… Después de la cervecita del principio, el blanco con el pescado y el tinto con la carne… Incluso después de haberte comido el postre, vas a abrir el espumoso cuando ya no tienes ganas de nada y estás más que lleno/a. ¡No! Este tipo de vinos tienen múltiples usos y (no olvides esto) pueden acompañar una comida de principio a fin.

Aquí tienes unos cuantos ejemplos para iniciarte.

Espumosos para el aperitivo:

  • Colet Navazos Extra Brut: Un chispeante vino seco con 30 meses de crianza que va perfecto para comenzar pues tiene además la curiosidad de que la 2ª fermentación (la que produce las burbujas) se realizó nada menos que con un poco de Palo Cortado de Jerez. ¡Óle!
  • L’Alba al Turó Ancestral: los espumosos ancestrales realizan una única fermentación en botella. Son por tanto vinos jóvenes, desenfadados, frescos y con una interesante acidez. Ideales como aperitivo.
  • Paisaje de las Islas Espumoso Reserva: ¿Te atreves con un espumoso 100% Canario? ¡Claro que sí! Con 18 meses de crianza estamos ante un chispeante y refrescante vino que sorprende por su alta intensidad aromática y convence por su fruta tropical y su fantástica acidez.

Espumosos para acompañar la comida:

  • Baron-Fuenté Grande Réserve: Oh, la, la! ¿Nos atrevemos con un Champagne? ¡Claro que sí! Estamos ante un vino espumoso de alta calidad y además muy versátil. Este es el claro ejemplo de champagne que puede acompañar una comida de principio a fin. Todo discreción y fineza, con delicadas notas de miel, fruta confitada y frutos secos. Elegante, esbelto y untuoso.
  • Ronco Calino Franciacorta Brut: Otro ejemplo de versatilidad pero en este caso con un espumoso… ¡Italiano! Elaborado con las variedades Chardonnay y Pinot Noir, los “Franciacorta” son una denominación de vinos de alta calidad y muy gastronómicos. Con 30 meses de crianza en el caso de este Ronco Calino.
  • Raventós i Blanc, Gran Reserva de la Finca: Elaborado por la familia que introdujo el método “champenoise” en España hace ya 11 generaciones. Un vino de finca elegante y gastronómico. Cremoso, con notas cítricas y de pastelería.
  • Recaredo Intens Rosat Gran Reserva: Esta bodega de Sant Sadurní se caracteriza por las larguísimas crianzas que le dan a sus vinos. Pero en este caso hay otra curiosidad que hará que quieras probarlo: Se trata de un espumoso rosado con alma de tinto. Siendo completamente seco, es frutal y profundo. Incluso “goloso” y con un postgusto larguísimo.

Espumosos  para terminar:

  • Moscato de Ochoa: Desde Navarra la enóloga Adriana Ochoa quiere mostrarnos su experiencia trabajando en Italia, elaborando este espumoso dulce con la maravillosa Moscatel de su tierra. El resultado es un chispeante dulce de éxito garantizado, bajo en alcohol, que gustará a toda la familia.
  • Tarima Sparkling: En este caso vamos hasta Alicante para disfrutar este coupage de Merseguera, Macabeo y Moscatel que ofrece fruta, dulzor y alegría a partes iguales.
  • Dolcevita Moscato D’Asti: Permíteme cerrar esta selección con un vino que no es exactamente un espumoso. ¿Has escuchado hablar de los vinos “de aguja”. Se trata de un vino blanco que contiene en la botella algo de carbónico que permite ver y sobre todo sentir en la boca su chispeante efecto sin producir espuma. Y sobre todo, es un vino fantástico para terminar una buena experiencia gastronómica en compañía.

Y tú dejando el espumoso en la nevera para mojarte los labios al final… ¡Abre ya esas botellas de espumoso y disfruta de principio a fin!